FUNDAMENTOS PARA LA CREACIÓN DE LA A.B.H.M.

Principios y motivaciones que dieron origen a una institución dedicada al estudio, preservación y difusión de la historia militar de Bolivia.

Extraído de la 1ra. Gaceta de la A.B.H.M. publicado en 1981

Las FF.AA. de la Nación tienen una grave responsabilidad ante la posteridad, pues no cuenta hasta la fecha, de una Historia Militar de BOLIVIA, oficialmente escrita.

Lo que se ha escrito hasta ahora en el ámbito nacional, no ha sido la expresión de la verdad, sino el producto de ideas preconcebidas. Con razón se ha dicho: “Esas piezas escritas que llamamos de buena fe documentos históricos, se han encargado de disfrazar la verdad con astucia y mala fe”.

Existen “historias” escritas con odio y con el verbo hiriente propio de los espíritus derrotistas, nuestra historia es un conjunto de episodios desconexos, escritos contra BOLIVIA bajo el signo de una “furiosa autodenigración”.

Casi todas las obras históricas y diversidad de textos, respiran “odio” contra el militarismo, es más, no hay en toda la literatura del mundo, un libro tan cruel para BOLIVIA como “PUEBLO ENFERMO” de ALCIDES ARGUEDAS y, con razón MARIANO BAPTISTA GUMUCIO en “Historia Contemporánea de BOLIVIA”, enfatiza “que estos 47 años de historia que escribe, las captó en su esencia sin caer en el masoquismo autodenigratorio, con que juzgaron nuestra historia. GABRIEL RENE MORENO y ARGUEDAS, ni acomodar los hechos a una concepción dogmática y predeterminada”.

El odio es el triste patrimonio que nos han legado ciertos “intelectuales” del pasado y lo sensible es que de estos textos de historia se nutre nuestra niñez y juventud, aunque se diga contrariamente, “que las nuevas generaciones no reciben el legado del pasado con pasividad sometida y que toda experiencia que se transmite de una generación a otra, no es recibida por la última mecánicamente: y que los jóvenes, en su naturaleza siempre plástica, reciben las experiencias, la reconstruyen la revitalizan y aún las modifican”, pero, la conclusión que se entresaca de esta anotación es que las sociedades presente, en cierta forma, son siempre herederas del patrimonio de todas las modalidades del pasado.

Puede afirmarse que ninguno de los pueblos del mundo tiene una historia, es decir, el conocimiento total y definitivo de su pasado. Ese conocimiento está en continua elaboración y reelaboración de su pasado. Cambian las perspectivas políticas, sociales, ideológicas y con ellas la visión del pasado.

Se abren continuamente nuevos campos de interés en el pasado y con ellos nuevos campos de investigación. No hay pues, una historia. Hay tentativas de aproximación a lo acontecido.

De otro lado, a lo largo de los siglos quienes han escrito la historia han sido los vencedores y no los vencidos. Por tanto, los testimonios llegados hasta nosotros son partidaristas o interesados.

Tocante a la historia militar tenemos que estar acordes con el español FRANCISCO MORALES PADRÓN, quien dice que “Cegados siempre por lo heroico, las historias han reducido a mera crónica bélica los hechos del pasado, olvidando que en él se dieron cita otros ingredientes como el social, el económico, el cultural, etc”.
Nuestra historia ha sido escrita bajo ciertos impulsos psicológicos de la época en que se ha vivido, donde se agitaban ideas, doctrinas, pasiones, apetitos, tendencias, etc. De ahí la responsabilidad de restaurar la verdadera historia de BOLIVIA, haciendo el trabajo en equipo.

Tenemos que estar conformes que no han faltado historiadores de real valía y que han dado considerables aportes a nuestra cultura: pero, han tenido que trabajar, casi siempre, de manera aislada, personal, con muy poco aliento de entidades oficiales o privadas.

Corresponde, por tanto, al Estado impulsar la tarea de investigación y por supuesto la redacción de una historia militar, sin apasionamiento sectario o individual.
El conocimiento de nuestro pasado es también imperativo, por que “No hemos comenzado a existir hoy, saliendo de la nada. Todo lo que nos ha ocurrido ha marcado de una manera indeleble en nuestra alma algunos caracteres que no podemos dejar de lado aunque quisiéramos”.

Si nuestra vida implica una continuidad, no podremos encajar en la realidad, si no estamos saturados de su esencia.

En verdad, sea dicha, que la enseñanza de la historia resulta una instrucción sin contenido, puramente retórica, es decir, repetitiva de textos distorsionados, de ahí que la pobreza del conocimiento verdadero es el resultado de una educación alienada o castrante que nos ha empujado al complejo de inferioridad.

Entonces no estamos desencaminados, al decir, que hay necesidad de contar con una verdadera historia cimentada en un pasado bien claro y definido, pues la “reconstrucción de la historia nacional no es una mera necesidad académica, sino una necesidad vital de identificación espiritual de nuestro pueblo”.

Complementariamente tenemos que pensar también en la preservación del patrimonio cultural de la nación, aquello que nos legaron nuestros ascendientes. Existe el imperativo de conservar lo nuestro haciendo resaltar sus valores, para que sea útil a las generaciones venideras, como hito de progreso de nuestro pueblo y como asidero para el afianzamiento del justo orgullo nacional. “Se puede decir que un pueblo sin patrimonio cultural es como un hombre sin memoria”, como afirma Dn. ÓSCAR PAUELO.

BOLIVIA se puede vanagloriar de su tesoro cultural que resulta de la suma de valores y bienes materiales y espirituales, que nos da una característica distinta y particular dentro del conglomerado humano-militar tienen que dejar su huella indeleble y para valorizar ese ayer; tenemos el deber de conservar las reliquias que nos legaron nuestros mayores.

Muchos países hacen patente sus glorias pasadas, y se enorgullecen de contar con museos y archivos que atestiguan y confirman sus glorias; pero, entre nosotros vemos con estupor que existe gente indiferente a todo lo que significa “lo antiguo”, como suele llamarse a las reliquias históricas; esa indiferencia ha permitido que se arrase con casi todo lo que nos queda de esos tesoros. Esas antigüedades pertenecen al patrimonio nacional que tenemos que mostrar al mundo. La infinita gama de bienes representados por prendas, armas, trofeos, manuscritos, etc. nos tienen que traer las reminiscencias del pasado que tienen que perdurar a través del tiempo.

Como corolario, digamos que la historia se apoya principalmente en el análisis de manuscritos, de museos, de archivos y especies que configuran la cultura del pueblo y la cultura se transmite mediante procesos de enseñanza y aprendizaje, o lo que es lo mismo, por la difusión y la propaganda.
Consciente de que toda Institución “sin memoria” queda desnuda, es que el Alto Mando Militar, ha visto imperativo la organización de la Academia Boliviana de Historia Militar, en el “Centenario del Litoral Cautivo.”

La Paz, mayo de 1979

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